CAMPOS DE FLORES BLANCAS

Cuantas veces creemos que morimos de dolor cuando perdemos a alguien. Las veces que pasa, que se nos va alguien, son esas que nos enseña que somos humanos. Sentimos y padecemos.

Que gran viaje tenemos que emprender en esta larga vida, que corta se nos queda. Para algunos más corta que para otros.

Este paseo es digno de cada uno de nosotros, digno de vivirlo. Por eso, entiendo, que cuando alguien abandone el viaje, se le llore.

No lloramos por su marcha. Lloramos por que no nos va a volver a pasear con nosotros, no nos acompañara más.

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En esos momentos hay varias fases… La aceptación, cuando nos damos cuenta que se va. La decepción, cuando nos damos cuenta de que no volverá. Y la recepción, cuando otra personas nos recuerda que se ha ido.

En esos terribles momentos, miles de emociones dispersas se nos acumula en el interior, saliendo en forma de llanto desconsolado.

Se que ningún palabra podrá reconfortar el dolor que en esos momentos se siente.

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Pero… Que pensaría esa persona al vernos así? Le gustará ver como lo pasamos mal?

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Tenemos que ir pensando que la muerte es parte de la vida. Una de las partes más importantes de ella. Es más, me atrevería a decir que la muertes es lo que da sentido a la vida. Como todo viaje, la muerte es la parte más importante. Es el FINAL. Como cualquier viaje, la vida tiene su final.

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La forma de despedir a estas personas que encuentran su final, no solo es con el llanto. También la risa y los regalos los usamos para despedir. Sabéis, se cuentan más chistes en el tanatorio que en el bus.

La risas despiden al que se va, demostrando que se les quiere. Porque jamás van a desaparecer de nuestro recuerdo.

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Los regalos, las flores, son nuestra forma de darle un pedacito de vida a ellos.

Las flores suelen ser rojas, o coloridas, pues yo os propongo… Regalar FLORES BLANCAS, señal de tranquilidad y paz, para que los que se haya ido sepan que nosotros vamos ha hacer lo que ellos quieren que hagamos. Vivir bien y con paz.

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También con estas flores, conseguiremos convertir cementerios en campos blancos. Dejarian de ser lúgubres, para ser blancos y con color. Hasta la más pequeña mota de color se vería resaltada.

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Hagamos de la muerte, un final de una historia vivida. Pues nadie se muere realmente. Queda vivos en nuestros recuerdos.

La muerte es el final de nuestro viaje, sembrar lo que queráis dejar aquí, para que comience nuestro campo de flores blancas.

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Les habla José Luis Ruiz, con palabras duras.

Buenas noches por venir.

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